14 ene 2008

El Matadero

Hoy hablaré de mi tema preferido: YO. Ahora deberían sonar unas risas enlatadas que me permitiesen hacer entender que es una broma, e incluso si ésto fuese más audiovisual, me veríais guiñar un ojo, señalándoos con un dedo y dando un chasquido con la lengua. Todo esto sería una introducción para hablar de mi entrada a Secundaria, a finales de los ochenta, época gloriosa en la que almorzábamos viendo periquitos – dibujos animados – y se merendaba pan con chocolate.

Mi llegada a secundaria fue – ¿qué podría decir? – lo que fue, “simpática”. El primer día de clase me encontré al Esteban, uno que conocía mi “terrible secreto”, que me llamaban El Cabeza en el barrio. Yo que quería hacerme de otra reputación en el instituto. Eso me llevo a pensar en presentarme a delegado de curso, imagino que todo formaba parte de convertirme en algo que nunca he sido, un mafia, ya veis, era un cachorro ingenuo, que en el fondo sólo quería que le respetasen.

Antes de las elecciones a delegado de curso, tuvimos que elegir un tutor entre los profesores – era un centro nuevo, nunca más lo he vuelto hacer -, y en un alarde de protagonismo me ofrecí a leer los votos, exultante me sentía como el mismísimo Obama. Y todo iba bien hasta que leí el nombre de la de Mates, Martinez Glez., Claro, esta mujer escribió en la pizarra su apellido, Gonzalez, de forma abreviada, y, si, yo me negaba a decirlo bien, leía lo que ponía, Glez., cómico y rebelde, hasta la profesora se reía.

Y en ese momento empeZó el show, entre mi ZeZeo atroZ y laZ ZetaZ de MartineZ GleZ. me otorgó un éxito humoríZtico beZtial, y yo feliZ como el que máZ (tarantantan).

Después de eso, mi elección a delegado era cosa hecha, tenía a una panda que bajo el nombre de Andréz me apoyaban con entusiasmo. Como representante tenían a un tal Cosio, el tío que he visto reír más tiempo sin parar. De hecho ellos mismos me animaban una y otra vez a que me presentase. Al final salí subdelegado, aunque no recuerdo por que razón ejercí de delegado bastante. Con todoZ voZotroZ AndreZ –por favor, que suenen palmas-.

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