24 jul 2009

El civismo, las pipas y el autobus

Hace unos meses asistí a una escena curiosa, había dos críos
comiendo pipas en el autobús, y tirándolas al suelo, mientras
daban voces, el autobús estaba lleno de gente. Un chaval de
unos veintitantos años les dijo:

- No tiréis más pipas al suelo!

a lo que uno de los niños, con personalidad y desafío le respondió:

- ¿Por qué?

Claro, y ahí está la madre del cordero, ¿por qué?

- No se puede ir tirando cosas al suelo - se le veía apurado -

- ¿Por qué? - decía de nuevo con cara desafiante -

- Por civismo! - acertó a decir el chaval, ante la mirada atenta
de todos los que estábamos en el bus, era una situación muy interesante-

el niño no entendió el palabro, que más bien parecía destinado
a la audiencia que al crió, y espetó de nuevo:

- ¿Por qué?

No recuerdo mucho más, sólo que un tío con barbas y con look heavy
empezó a hacer lo mismo que el niño, a comer pipas y a tirarlas al
suelo.

He sacado algunas conclusiones de ésto,

1. A veces llamar la atención de cierta forma y en ciertos sitios
y a cierta gente es menos cívico que la falta de civismo que se
quiere corregir (no tiene por que referirse al caso anterior)

2. Según en que sociedad, barrio, entorno, no se debe intentar
educar a niños ajenos, no vivimos en Utopía.

3. Entendiendo civismo como unas normas para una buena
convivencia, el que pone las normas es el que se tiene que
encargar de hacerlas cumplir.

4. Las normas "cívicas", según para quien, pueden resultar elitistas,
represoras, etcétera y por lo tanto atractivas de no cumplir.
sobre todo por que las normas de convivencia varían según el
grupo social, pero se suele imponer las del dominante.

5. Aun así es posible que se pudiesen consensuar una cuantas,
como el tema de los derechos humanos.

2 comentarios:

Mr. Funester dijo...

Buena historia, muy interesante

Matute Peroni dijo...

gracias y bienvenido

Etiquetas