6 oct 2007

Los raperos del sur

Hace años – siempre hace años – iba con los colegas del barrio a San Nicolás del puerto, un pueblo de la sierra norte de Sevilla, donde hay un buen anís de guindilla, una cuesta enorme y una playa artificial, amén del nacimiento del río huéznar.

En realidad nos poníamos en el martinete, una zona de acampada cerca del pueblo, allí teníamos una fuente para lavar nuestro los platos del papeo, tirábamos la basura en el sitio que había para eso, además estaba pegado al río huesnar donde nos bañábamos sobre todo las noches que marchabamos a algún bar.

Tenía pocos habitantes – al menos por entonces - , pero la mayoría de las veces que íbamos era en verano o fecha similares, y llegaban gente de todas partes para pasar la vacaciones en su pueblo, también se llenaba más de jóvenes, que tenían un sitio donde reunirse.

Un día hicieron una fiesta y fuimos para allá, de esa noche recuerdo que canté la bamba en el escenario, y que había un círculo de chicas de nuestra edad, me metí en medio de ellas y bailando me presenté a cada una, ese fue el comienzo de los flirteos entre los dos grupos, que tomaba su máximo apogeo en la playa artificial, donde hacíamos el capullo más de la cuenta, nos terminamos enterando que nos llamaban los raperos del sur, y se formaron al menos dos parejas, creo.

Un año fuimos en semana santa sin tiendas, era una época en la que cuando íbamos de acampada llevamos grifa para un regimiento, y alcohol abundante, era se podría decir una “cura de toxicación”, esa vez empezó a llovernos y tuvimos que quedarnos por el pueblo, terminamos debajo de una parada de autobús durmiendo, allí estuvimos un par de días.

En ese viaje pasaron algunas cosas, por ejemplo la noche antes de irnos apenas teníamos para comer, alguien del pueblo nos dijo que en la iglesia daban unos pasteles, dos o tres fuimos para allá y nos fuimos hacia los dos chavales que lo ofrecían y nos pusimos hasta las trancas de pastelitos, incluso nos guardamos algunos, con la mirada incrédula de los que estaban allí.

Fuimos tantas veces que ya conocíamos cuando eran las fiestas en las que nos invitaban a comer y beber, también sabíamos de algunos de los personajes del pueblo, de hecho hubo uno que se quiso hacerse amigo nuestro, Leónidas, que decían que era gay – vamos, uno de los que desafortunadamente llaman “el maricón del pueblo” - , alguno de mis colegas le daban juego para aprovecharse de él, una vez que nos íbamos en autobús, la vez que dormíamos en la parada, nos dio creo recordar doscientas pesetas para comer, que nos gastamos en vino.

4 comentarios:

Margarita dijo...

aventurass

Matute Peroni dijo...

ya te digo, nos pasaron mil cosas :)

Eugenia dijo...

A las chicas suele irnos mejor en las acampadas, pues no falta quién te refugie cuando llueve y esas cosas. Tambien te dan de comer, y de beber sobre todo, si no recuerdo mal.
Lo malo es que el sobre nombre con el que te conocen luego suele ser bastante mas cruel.

Matute Peroni dijo...

Buenas eugenia

lo pasamos bien, pero si, si hubiesemos sido mujeres creo que hubiesemos pasado menos "penalidades",

un saludo :)

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